En 2023 grabé un vídeo sentada en una mesa, mientras la habitación a mi alrededor cambiaba gracias a la IA generativa de Adobe Photoshop. Era solo un juego, una forma de entender hasta dónde llegaba la herramienta. Hoy, esa misma tecnología ha avanzado muchísimo, y ya no es un experimento curioso: es parte real de cómo trabajo.
El experimento de 2023: la habitación se transforma a mi alrededor con IA generativa, cámara fija.
Lo que la IA cambia de verdad
La IA generativa nos permite crear, transformar y explorar mundos nuevos, rompiendo la línea entre lo real y lo virtual. En el día a día de un proyecto, eso se traduce en cosas muy concretas: generar referencias visuales que antes costaban horas de búsqueda, probar variaciones de una idea antes de comprometerse con una dirección, resolver asets o fondos que no siempre hay presupuesto para producir de forma tradicional.
Y lo que no cambia
Pero este poder también obliga a pensar: ¿cómo usar la IA para potenciar el trabajo sin caer en un uso superficial o erróneo? La IA no decide qué es lo correcto para una marca. No conoce al cliente, no sabe qué problema real se está resolviendo, no tiene criterio estético propio. Eso lo sigo poniendo yo. La herramienta genera opciones; el oficio está en saber cuál de esas opciones sirve de verdad, y en el descarte de todas las que no.
Uso la IA como una herramienta más dentro del proceso de diseño, igual que uso Photoshop o Premiere. Nunca como sustituto del criterio, sino como aceleradora de las partes del proceso que no necesitan mi ojo crítico en cada paso, para poder dedicar más tiempo a las que sí lo necesitan.
Si tu proyecto puede beneficiarse de contenido generado con IA sin perder criterio ni calidad, hablemos.
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